Nadie tiene el poder de hacerte daño

Nada ni nadie tiene el poder de hacerte daño, a menos que tu lo elijas (es decir, a menos que tu lo decidas).

Y nadie puede hacerme ningún daño porque mi esencia, lo que yo Soy, no es corruptible, no es ignorable, no es abandonable ni violable.

Por lo tanto si soy consciente de mi verdadero valor, me daré cuenta de que en realidad nada ni nadie tiene la capacidad de hacerme pensar nada ni sentir nada, a menos que yo lo elija. A menos que yo elija creer que soy un ser vulnerable, que puede ser atacado, o que puede ser despreciado o maltratado en modo alguno.

A menos que yo me crea que soy cualquier otra cosa que no sea Amor.

Cuando soy consciente de Quién soy verdaderamente, todos los juegos de la víctimas y verdugos se terminan.

Porque empiezo a darme cuenta de que cualquier situación que la vida me esté presentando, por dura que pueda parecer en la superficie a veces, es con el único objetivo de que comprenda quién soy de verdad, para que pueda por fin aprender a conocerme como absolutamente invulnerable e inocente, para que comprenda que soy Amor y que todo lo demás me lo he inventado por miedo a permitirme ser lo que realmente Soy.

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Cuando nos permitimos ser quienes somos plenamente la luz del Universo empieza a brillar a través de nosotros porque dejamos de defendernos de los demás o del mundo para pasar a ser conscientes silenciosamente (o no) de lo que somos, más allá del mundo de aparentes polaridades que se presenten ante nuestros, más allá lo que nuestros ojos parezcan decirnos a veces.

Y es que hay un conocimiento que va mucho más allá de los sentidos físicos, de los ojos, del oído, del olfato…más allá los sentidos físicos y que sin embargo, está ahí, accesible a todo el que de verdad quiera atreverse a mirarlo, a mirarse profundamente a los ojos, a mirarse profundamente dentro de su corazón y permitir que cada cosa y que cada persona, que cada situación le lleve más allá de cualquier creencia que tenga respecto a la misma, y respecto a sí mismo en relación a ella.

Para que desde ese espacio de desconocimiento y de profunda humildad pueda por fin empezar a saber quién es, a conocerse de verdad.

Para que desde ese espacio, pueda abrirse a escuchar esa voz sabia interna que todos tenemos, que tanto silenciamos y que tanto tiene que enseñarnos, porque en realidad, no sabemos. Cuando sufrimos, en realidad nos hemos perdido, nos hemos confundido, nos hemos olvidado.

Permitámosle a nuestro corazón, que nos lleve de vuelta a casa, para que podamos, por fin, Descansar.

Gracias

Maricarmen Pérez Díez
Maestra y terapeuta de Reiki, Instructora de Mindfulness

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