Ser una buena madre, ser un buen padre

Para Kabir, para Cathy…para todos los Kabirs y Cathys del mundo

Normalmente intentamos ser buenas madres o buenos padres, y esperamos que nuestros padres o madres sean también buenos. Deseamos especialmente que nuestros padres se adapten a una idea determinada que tenemos en la cabeza de lo que debe ser un buen padre o una buena madre y por supuesto que nos hagan sentir amados, respetados y especiales.

Y así, desde nuestras ideas preconcebidas, con la mejor nuestra mejor intención, tratamos de adaptarnos a ese ideal que tenemos y de ser buenos padres para nuestros hijos, darles aquello que sentimos que quizás nos faltó a nosotros y nos esforzamos para que no sufran. Queremos que sean felices, que tengan todo lo que necesitan en cada momento.

Sin embargo, creo que el reto real hacia nuestros padres y hacia nuestros hijos va más allá de todo esto, de todas esas ideas preconcebidas que tenemos acerca de lo que debe ser un buen padre o una buena madre.

 

madre e hija.jpg

Quizás el reto real de la maternidad o la paternidad sea simplemente estar, estar presentes para nuestros hijos, desde la completa honestidad hacia nosotros mismos y hacia ellos. Estar en lo bueno y en lo malo…acompañar desde la presencia y desde una profunda escucha, que va incluso más allá de las palabras…

Y si, nuestra presencia ahí con ellos se manifestará a menudo puro amor, puro regocijo por el encuentro, por el milagro de la vida, por el milagro de compartir…y otras será puro temor de que algo malo les pase, o de que sufran…otras será de rabia y enfado al no entender por qué él se está portando así o por qué las cosas deben ocurrir de esa manera que yo no entiendo…y otras será de tristeza y cansancio…y claro, otras muchas de culpa al ver que no alcanzamos esa imagen ideal que tenemos en nuestra cabeza…pero si estoy presente y atento en todas ellas…lo suficientemente atento para permitir lo que sucede dentro de mí, sin juzgarme por ello (e incluso atreverme a soltarlo, si es que me hace daño)…podré descubrirme completamente íntegro, completamente perfecto e inocente en cada uno de mis acciones, mis comportamientos y mis pensamientos.

Y exactamente de la misma manera, podré descubrirle a él: madre, padre o hijo: completamente inocente, completamente perfecto, tal y como necesito que sea, en cada momento, más allá de mi entendimiento.

Y en ese punto, y solo en ese punto, madre e hijo, padre e hija, desparecen. Desaparecen los cuerpos, desaparecen las formas…porque me estoy uniendo a lo único verdaderamente esencial que ambos compartimos, la esencia de la que venimos, la esencia que nos unifica…

Quizás no encuentre en este mundo a veces otras similitudes entre el otro y yo, en cuanto a comportamientos o pensamientos…pero si soy capaz de mirarme y mirar al otro desde ese espacio, sin duda me Veré y sin duda le Veré…veré eso que no puede nombrarse, que no puede definirse, que va más allá de todo pensamiento…

Y así, dejarán de importarme las formas, las opiniones, los pensamientos, los comportamientos…y veré que lo único realmente importante es el Amor que está sucediendo ahí, en mí, en él, en nuestra relación…tome la forma que eso tome en cada momento, ya sea de alegría, ya sea de enfado…

Mi decisión de ver sólo Amor ahí, en cada comportamiento, en cada situación…me llevará inevitablemente a unirme a mi hijo, a mi padre, de una manera tan profunda…que ambos despareceremos para Ser lo que siempre fuimos…Uno sólo…Uno nada más.

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